Tauromaquia y sexualidad
macord @ 18:29
Tauromaquia y sexualidad
“Lujo y crueldad son las características de las fiestas de toros y esas han sido también las características de todas las religiones que, en el curso de los tiempos, han arraigado y se han impuesto en el alma de los pueblos y muy particularmente, en el alma de los sensitivos o sensibleros pueblos meridionales” Renato Leduc (Tauromaquia y religión) “Historia de lo inmediato” F.C.E.
Hojeando algunos libros encontré una recopilación de artículos publicados por el Fondo de Cultura Económica donde el señor Leduc, se luce en uno muy interesante y que me sirvió de inspiración para lo que ahora leen. El escritor hace una serie de analogías entre el arte de la lidia y las religiones. Pensé que pueden también encontrarse algunas similitudes entre la tauromaquia y la sexualidad, y de paso cumplo con la solicitud de un lector sobre escribir algo más acerca de la fidelidad y su contraparte.
Resulta que en forma muy popular se hace mención de las personas a las que se les ha jugado con infidelidad como “cornudos”. Al parecer ellos (as) no se enteran del porqué sienten la cabeza más pesada hasta que todo mundo ya lo supo (y a lo mejor ni lleguen a enterarse), como nuestro entrañable Chico Che cantaba: “El lamento del cornudo caramba, como me divierte; todo el mundo está enterado caramba, menos el paciente” y bueno, aquí nadie puede negar que se utiliza a los astados para simbolizar una acción (muy poco frecuente) en las relaciones sexuales, que tanto temen los celosos (as) y es que su pareja llegue a “ponerle los cuernos”. Chico Che más adelante menciona “... por que a los cornudos le sobra calcio hasta en los dientes”, de lo cual se infiere que el calcio que le sobra a los afectados no se encuentra precisamente en los dientes, si no en un par de prominencias similares a conos curvos que recuerdan a los posamanos de mi bicicleta de ejercicios y que se pueden adivinar en la cabeza de los que han sido “coronados” de esta manera.
Decía que los afectados no se enteran, por que en el caso de los que (afortunada o desafortunadamente) cuentan con más de una esposa o esposo, no podría ser ya que están de acuerdo en compartir al hombre o a la mujer como ocurre en algunos pueblos enclavados entre Sudáfrica y Mozambique o en tendencias conyugales de ciertas sectas religiosas.
El señor Leduc compara también la actitud fetichista de los feligreses al adornar altares y muros con objetos o reliquias procedentes de quien sabe dónde y que alimentan esa necesidad de adoración a través de “algo” del ser amado, con la actitud igualmente fetichista de los aficionados a los toros al coleccionar y “adorar” también en nichos y paredes imágenes y recuerdos sin saber si sean auténticos o sólo replicas de infinidad de cosas o personas relacionadas con la fiesta brava. En el tema que nos compete yo encuentro analogías entre este tipo de tendencias (en ambos casos) con el gusto por coleccionar, besar, oler o acurrucarse con cualquier cosa o fragmento de ella que haya pertenecido al ser amado. Los cabellos, servilletas, fotos, pedazos de tela y hasta prendas enteras son coleccionados tanto por hombres como por mujeres.
Por último quiero decirles que si realmente aman a su pareja mejor sigan con detenimiento la frase de la canción de Amanda Miguel que dice “… Si no soy infiel, no es por ser fiel, es por que no puedo”. Ahora pues si no es así, pueden divertirse teniendo un poco de cuidado y sin olvidar lo que aconseja el refrán taurino “hay que dar a cada cornúpeta la lidia que requiere”.

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