Adios a la monogamia
macord @ 04:57
Cupido a veces tiene mala puntería y sus flechas acaban clavándose en los corazones equivocados. Por ello no queda otra que intentarlo una y otra vez, hasta dar con la persona adecuada. Pero, ¿existe el amor por el que suspiraban nuestros mayores? ¿Ese con el que el sacerdote sentenciaba “hasta que la muerte os separe”?
Estamos en el siglo XXI y el concepto de pareja ha cambiado. Ya no buscamos desesperadamente a alguien con el único fin de perpetuar la especie en familia y vivir eternamente juntos. Se fueron los fantasmas del ‘vestir santos’ y disfrutamos de nuestra individualidad. La pareja se convierte en un anexo a nuestras vidas, una manera de conseguir el bienestar íntimo. Este puntito hedonista nos hace huir 'como alma que lleva al diablo' cuando las cosas no van bien y rompen el equilibrio emocional. Entonces volvemos a iniciar un nuevo ciclo de soltería hasta que otro objetivo se cruza en nuestro camino.
Así nos vamos elaborando un currículum sentimental que no es más que el fruto de nuestro amor por el amor o simplemente consecuencia de un gafe eterno que nos hace equivocarnos una y otra vez. Una lista de conquistas que refleja una agitada, o menos agitada, vida sentimental. Así nace una nueva forma de entender las relaciones de pareja: la monogamia sucesiva. Mezcla de tradición y resarcimiento, una forma de vengar a unas abuelas que tuvieron que ‘aguantar’ hasta el final una situación impuesta por 'el qué dirán'.
Amor con fecha de caducidad
Los científicos nos han quitado un peso psicológico de encima. No somos seres pervertidos e insaciables que cambiamos de pareja por capricho, es la propia naturaleza quien nos marca nuestro sendero sentimental. Y es que, según los investigadores, el amor eterno es una utopía. El enamoramiento dura entre año y medio y cuatro. Así, continuar con la pareja más allá de este tiempo es ir ‘contra natura’, revelarse contra el instinto animal. El seguir o no con la relación dependerá de las bases humanas, sociales y sexuales sobre las que hayamos construido esta historia sentimental.
La ruptura más difícil siempre es la primera. El primer amor queda grabado a fuego en nuestro corazón y, lo que en ocasiones es peor, en la forma de entender las relaciones posteriores. Son retales sesgados de relaciones fracasadas que resultan muy poco constructivas para afrontar nuevos retos. Por eso las rupturas posteriores no suelen ser tan dramáticas. La felicidad que nos ha otorgado la fase de enamoramiento va a ser el arma secreta para ir construyendo habilidades que usaremos en el futuro, tanto para mantener la ilusión de una nueva pareja como para mantener la ilusión de nuestra propia vida, si decidimos disfrutarla sin compromisos.
Pero no hay nada por lo que preocuparse. El hombre tiene un instinto de supervivencia que le hace sobreponerse, una y otra vez, de los tropezones del vivir, sin perder la alegría de un nuevo amor. “El hombre de nuestra vida”, se convierte en “los hombres de nuestra vida”. Una media naranja con diferentes rostros que van curtiendo un listado de romances para algunos escandaloso, para otros racional.
Divorcio exprés
Cerca de 140.000 divorcios se registraron en España el pasado año, según la estadística de nulidades, separaciones y divorcios difundida por el Instituto Nacional de Estadística (INE). A pesar de parecer una cifra alarmante, estamos de enhorabuena, puesto que la tasa se redujo casi un seis por ciento con respecto al año anterior, 2006, rompiendo la tendencia al alza que se venía observando en los últimos años.
Muchos achacan la aprobación de la ley del “divorcio exprés” al ‘boom’ que se viene produciendo en España desde 2005, año en que comenzó su andadura. Así, terminaba 2006 siendo el tercer país con más tasas de divorcios de la Unión Europea. Un 48,1 por ciento fue el crecimiento de divorcios, en detrimento de las separaciones, que se produjo al aplicar esta nueva ley, según el Consejo General del Poder Judicial.
En este sentido, los expertos afirman que la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Civil ha introducido muchas facilidades para acabar con las parejas, que se ahorran los trámites de separación previa y periodo de reflexión que, en algunos casos, derivaban en reconciliación. La libertad de elección trae en ciertas ocasiones la toma del ‘camino en medio’ como única solución.
Aligerar o no aligerar nuestro listado sentimental… esa es la cuestión
El primero… el amor inocente de la niñez; el segundo… un golfo con el que descubrí la palabra infidelidad; el tercero… un hombro en el que llorar; el cuarto… un ‘affaire’ cachitas de discoteca con el cerebro más vacío que el de Homer Simpson; el quinto… “el amor verdadero” que no llega a funcionar dios sabe por qué; el sexto… el séptimo… el octavo… Ahora que es el “amor definitivo”, ¿debo contarle mi historial sentimental o debo omitir ciertos capítulos de la vida? Éste es el eterno dilema.
Según la encuesta del Instituto Opina “Hábitos sexuales de los españoles”, el hombre confiesa una media de siete parejas sexuales en su vida, y la mujer, tres. ¿Es esto real? Socialmente, ¿conviene reconocer un pasado repleto de relaciones?
Culturalmente a las mujeres se les sigue inculcando la idea del amor eterno o, al menos, del amor duradero. Encontrar a un hombre virgen no supone ninguna actitud de alegría o tristeza para una fémina. Pero, ¿y para el hombre? Para muchos la virginidad se convierte en el ‘vellocino de oro’ que engrandece una ya de por sí hedonista hombría.
Pero, en general, en una sociedad que ha evolucionado hacia la igualdad, al menos en términos nominales, los hombres entienden y dar por hecho la vida sexual de sus parejas. El amor se vive de forma más libre, alguien con quién compartir, por ello se asume que una persona con cierta edad haya tenido varios amantes a lo largo de su vida e incluso hijos de estas relaciones, lo que no les impide volver a enamorarse. Así, sin quererlo, asumimos de forma implícita que el amor no es eterno, que nace y se va transformando a lo largo del tiempo, y que, igual que vino, un día sin darnos cuenta, ya no está allí.
Pero, ¿existen límites para que el número de amantes no resulte escandaloso? ¿Uno, diez, veinte? Al aceptar a una persona que haya tenido varias parejas a lo largo de su vida puede ofrecer como fruto relaciones más maduras si ha sabido aprovechar esa experiencia. Cuestión de percepción.
¿Síndrome de dependencia emocional o mala suerte?
¿Qué aprendemos al ir encadenando amores? Que estamos ante un problema de inmadurez afectiva o, simplemente, tenemos un gafe que no podemos con él. ¿Cómo diferenciar una situación de la otra? Responde a las siguientes preguntas: ¿Realmente te apetece tener una relación a largo plazo? Si es así, ¿te has fijado si los tipos que te atraen cumplen todos un perfil determinado? ¿Tienes una necesidad imperiosa de tener siempre alguien a tu lado, pero al final acaba saliendo todo mal? Si has contestado afirmativamente a alguna de estas cuestiones puede que esté sufriendo el “síndrome de dependencia afectiva”.
El síndrome de dependencia afectiva es la necesidad continua que tienen los individuos de estar siempre con alguien, es decir, la necesidad de sentirse queridos y acompañados. Esta situación extrema obliga a las personas que lo padecen a plantearse su vida en torno a la búsqueda del amor. Esta actitud puede aparecer de modo puntual en la vida de un individuo, ante relaciones muy pasionales, pero lo más normal es que sea una constante que determine un patrón de conducta emocional que derive en este fenómeno psicopatológico.
Si esta necesidad de amor tan fuerte fuera controlada por el ‘partenaire’ no tendría porqué derivar en relaciones marcadas por el sufrimiento y la insatisfacción. Pero, normalmente, el dependiente acaba siempre clavando su mirada en personas con características atractivas para ellos, pero poco aconsejables para el resto de los mortales: personas egocéntricas, particulares, dominantes y poco afectuosas. ¿El resultado? Después de un calvario de continuos abusos de poder, la relación acaba rompiéndose y el ciclo vuelve a comenzar con la búsqueda de otro individuo con rasgos similares, para evitar el miedo y la angustia a la soledad. Eso si es capaz de superar un 'síndrome de abstinencia' que le lleva a intentar, por todos los medios, volver con esa persona.
Ítems para detectar si somos presas del síndrome de dependencia emocional
Necesidad extrema de buscar continuamente relaciones de pareja, planteándose la vida siempre al lado de alguien.
Necesidad excesiva de estar en continuo contacto con la pareja, aún en las situaciones más inapropiadas, siempre y cuando no sea una actitud puntual derivada de problemas cotidianos, toma de decisiones o asunción de responsabilidades inmediatas.
Elección frecuente de parejas hedonistas, egoístas, presuntuosas y hostiles, a las que se idealiza con sobrevaloraciones constantes de sus ¿cualidades?
Subyugación a la pareja como medio de congraciarse con ella, lo que lleva al desequilibrio de la relación.
Anteposición de la pareja sobre cualquier otra cosa, desatendiendo familia, amigos, trabajo y, como no, las propias necesidades.
Terror ante una posible ruptura, aunque la relación sea un auténtico ‘vía crucis’, con intentos desesperados de reanudarla si finalmente se rompe.
Autoestima por los suelos, con inconsciencia de las cualidades personales o minusvaloración de la propia persona.
Obsesión por agradar a los otros, sacrificando los deseos personales en favor de impresionar con actos a los demás.
Pavor ante la perspectiva de soledad.
El currículum sentimental de nuestros famosos
Penélope Cruz. A nuestra ‘Pe’ le cuelgan romances al mismo ritmo que estrena películas. Comenzó a darse a conocer por el vídeo musical que gravó con Nacho Cano con el que vivió su primera historia de amor. Después, todo ha sido un ‘no parar’: Gigi Sarasola, ex de Marta Sánchez, Thomas Obermaier, un atractivo cámara de origen checo, de aquí el salto al Hollywood con la sonada relación con Tom Cruise, después vino Matthew McConaughey, durante el rodaje de “Sahara”, Orlando Bloom y Olivier Martínez (ex de Kylie Minogue) relaciones nunca reconocidas por la actriz, o Josh Hartnett, antiguo compañero de Scarlett Johansson. Ahora vuelve al producto nacional, con Javier Bardem, quizás el definitivo… al menos durante un tiempo.
Inés Sastre. “En la variedad está el gusto” y este dicho lo cumple como nadie nuestra modelo Inés Sastre. Entre sus conquistas, un aspirante a Rey, Luis Alfonso de Borbón, un Güell de toda la vida, un divertido empresario de bien, Colate Vallejo Nájera, el playboy británico Tim Jeffries, el aristócrata belga Michel de Maleingreau, el multimillonario Neil Taylor, el aventurero Gilles Thornton, el escocés Simon Lovat, el italiano Maximiliano Bianchi... El empresario Alex Corrías ha sido el único que ha conseguido llevarla al altar, quizás por su inesperado embarazo. Un año después se han dado el adiós definitivo.
Vicky Martín Berrocal. Saltó a la fama cuando se ennovió con el torero Manuel Díaz, con quien se casó y tuvo una niña. Después de su separación Vicky se soltó la melena: Álvaro Muñoz Escassi, Denilson, se habló hasta de Pepe Navarro. Su última conquista, Israel Bayón, empresario con el que vive una tormentosa historia de amor de idas y venidas.
Lecquio. Antonia Dell'ate, Ana Obregón, Sonia Moldes, Sofía Mazagatos, Mar Flores, Susana Molina son sólo algunas de las historias que han protagonizado numerosas portadas de las revistas del corazón. Con María Palacios, su actual pareja, parece que está más cerca del altar… por segunda vez. ¿Será así capaz de quitarse ese letrero luminoso que le apunta como el eterno “Don Juan”?
Ana Obregón. Antes de su sonado romance con ese ejemplar de hombre llamado Darek, ‘Anita’ ya aportaba un abultado currículum de novios. Aquí van algunos de ellos: Miguel Bosé, Alberto de Mónaco, Óscar Lozano, Alessandro Lequio, Rafael Camino, Davor Šuker, Miki Molina...
Joaquín Cortés. Se lanzó a esto del papel cuché con al modelo Marisa Jara, la ex novia del cantante Manu Tenorio. Pero anteriormente también figuraban en su listado de romances la modelo María Pineda, uno de sus primeros amores, la actriz canaria Goya Toledo o Amparo Larrañaga. El más internacional y más sonado de todos ha sido el protagonizado con la top model Naomi Campbell, en cuya ruptura se habló de intento de suicidio. También complicada fue la historia que vivió junto a su ex asistente personal Kate Asumu, quién asegura haber tenido un varón del ‘espantado’ bailarín. Indonesia, una joven modelo marroquí, es su última conquista, aunque con esta ha dado el paso de irse a vivir juntos. ¿Suenan campanas de boda?

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